yo se lo arreglo

Cómo lavar tus abrigos sin armar un estropicio

lavar abrigos

 

Ya es oficial; el frío ha llegado a España. Tras disfrutar de un largo y caluroso verano de sangría y playa, vuelven las chaquetas, bufandas y abrigos. Tras guardarlos durante meses en lo más hondo de tu armario, es hora de volverlos a lucir, aunque como es normal, primero es necesario darles un repasito para quitarles el polvo y ese olor a cerrado que tan poco gusta.

En nuestro país, según una encuesta de la OCU, la Organización de Consumidores y Usuarios, ponemos una media de tres lavadoras por semana. Cuando el invierno asoma, la colada se complica, ya que comenzamos a lavar prendas de tejidos más frágiles como la lana. Las dudas de cómo lavar los abrigos surgen en nuestra cabeza, ¿cuánto tiempo y a qué temperatura debería lavarlos?

Aunque su uso sea ocasional y no entre en contacto directo con la piel, – a diferencia de otras prendas-, los abrigos también hay que lavarlos de vez en cuando. Y es que, como mínimo, deberíamos lavarlos una vez al año, cosa que la mayoría no hacemos.

El primer error que cometemos es limpiarlo justo antes de utilizarlo, es decir, cuando empieza el frío. Al contrario de lo que podemos pensar, el abrigo hay que limpiarlo al terminar la temporada de invierno, es decir, antes de guardarlo en el armario. Si guardamos sin lavar un abrigo que hemos estado utilizando toooodo el invierno, lo único que conseguiremos es que las manchas sean más persistentes y los olores se acentúen. Pero, ¿cómo lavamos nuestro abrigo sin llenar la casa de burbujas?

No tengas miedo de meter tu abrigo de lana a la lavadora, utilizando el programa adecuado y con mucho cuidado, podemos lavarlo sin ningún sobresalto, -y sin que se convierta en un chaleco para perros, -.

Antes de meter el abrigo en la lavadora, hay que quitarle las pelusas. Esto evitará que se atasque tu lavadora y le ahorrará trabajo. Para ello, es tan sencillo como comprar un rollo quita pelusas en cualquier supermercado o tienda, son muy baratos y efectivos.

Una vez lo tengamos listo para meterlo en la lavadora, es hora de seleccionar el programa con el que lo vamos a lavar. La mayoría de las lavadoras disponen de un programa específico para la lana, y sino, es importante seleccionar un programa que sea apto para prendas frágiles y sobre todo, que sea con agua fría. Si tu abrigo tuviera manchas u olores muy persistentes, puedes lavarlo a un máximo de 30º grados, ¡no más! Por supuesto, es conveniente utilizar un detergente que sea apto para este tipo de telas, y no utilices suavizante, ya que podría dañar el abrigo.

Otro punto a tener en cuenta es el peso que metamos en la lavadora. Puedes meter más de un abrigo a la vez, pero nunca la llenes más de la mitad. Así evitaremos el roce y no se formarán las típicas bolitas que tanto odiamos que aparezcan. (Un consejo rápido, para eliminarlas, pásale la cuchilla a tu prenda, sí, como si la fueras a depilar, ¡quedará como nueva!).

Una vez la lavadora haya finalizado su proceso de lavado, es hora de tender nuestro abrigo. Es importante saber que la lana conservará la forma al secarse, por lo que hay que extenderla bien para que no se queden arrugas. Por último, una vez esté bien seca y no tenga ni una pizca de humedad, puedes guardarlo dentro de una funda, que suelen ser bastante baratas, y que te asegurarán que tu prenda está a salvo de los temidos ácaros.

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